HARTITO, asi que ¡vamos a cambiar!

La realidad ni se crea ni se destruye, ¡pero sí se transforma!

¿Hablamos el mismo idioma? Jane Austen y los hombres

A principios del siglo XIX Jane Austen, en su novela Northanger Abbey, pone en boca de Catherine Morland su visión sobre las relaciones entre hombres y mujeres,… lo que para su interlocutor masculino resulta ser una actitud “alarmante”.

Jane Austen 1775-1817

Jane Austen 1775-1817

Tratando de comparar el matrimonio y el baile y las distintas “obligaciones” que hombre y mujer tienen en esos aspectos de la vida, Catherine comienza afirmando que “son cosas muy diferentes”. Y continúa: “Las personas que se casan nunca se pueden separar, sino que deben crear un hogar juntos. Las personas que bailan, simplemente están uno frente al otro en una larga habitación durante media hora”.

A lo que el Sr Tilney contesta: “Y esa es su definición del matrimonio y el baile. Tomado así, es verdad que sus semejanzas no son tan claras, pero creo que podría colocarlas en un punto de vista como ese. Estará usted de acuerdo en que en ambos es el hombre el que tiene la ventaja de elegir y la mujer el poder de rehusar; también en que ambos suponen la relación entre un hombre y una mujer creada para ventaja de ambos; y en que una vez dentro de esta relación se pertenecen exclusivamente el uno al otro hasta el momento de su disolución; que es deber de cada uno no dar al otro motivos para desear que uno de los dos busque relación en otro lado, y que para su propio interés no hay que dejar que la propia imaginación se vaya hacia las perfecciones de sus vecinos, o a elucubrar con la idea de que les habría ido mejor con alguna otra persona. ¿Está de acuerdo con esto?”

“Sí, seguro, que como usted lo dice todo suena muy bien”-contesta Catherine, -“pero todavía resultan muy diferentes. No puedo verlos de la misma manera ni pensar que les corresponden las mismas obligaciones.”

A lo que el Sr. Tilney argumenta: “En cierto modo, sí que hay una diferencia. En el matrimonio, se supone que el hombre provee a la mujer; mientras que la mujer hace que el hogar sea agradable para el hombre; él está para abastecer y ella está para sonreír. Pero en el baile, sus obligaciones están intercambiadas; la amabilidad y la complicidad se esperan de él, mientras que ella trae el abanico y el agua de lavanda. Esa, supongo, es la diferencia que le llama la atención, por lo que no es posible comparar ambas condiciones.”

Catherine responde contundentemente: “No, de hecho no estaba pensando en eso.”

Y el Sr. Tilney concluye: “Entonces estoy totalmente perdido. En todo caso debo observar que esta disposición en su caso es bastante alarmante.”

(Traducción libre)

¿Ha cambiado algo desde los tiempos de Austen?

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Esta entrada fue publicada en 12 febrero, 2014 por en Yo mismo y etiquetada con , , .
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